viernes, 13 de agosto de 2010

Solemnidad de la Asunción de María en Cuerpo y Alma a los Cielos o (Pascua de la Virgen)

(Desde El Cañamelar, J. A. Crespo).


Ante la solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los Cielos en Cuerpo y Alma, el ISO (Instituto Social Obrero) ha querido publicitar este comentario al Evangelio de este domingo, 15 de agosto. Un comentario atinado, que llega en el día oportuno, en la fecha en que toda la Iglesia celebra la Pascua de la Virgen.


De paso, quienes se asomen a este blog, yo les pediría que tuviesen interés en conocer las actividades que realiza, a lo largo del año, el Instituto Social Obrero (ISO). Son actividades dignas de ser conocidas por el gran publico y son actividades que pueden derivar en que se hagan socios de este Instituto. Realmente pienso que merece la pena porque en estos tiempos que vivimos que Institutos como el Social Obrero de Valencia sea una realidad interesa a todos los que creemos en la actualidad de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

En aras a dar publicidad al ISO y en aras a que se celebre con mayor alegría y gozo la Asunción de la Virgen en Cuerpo y Alma al Cielo es por lo que nos hacemos eco de esta información no sin antes recordar que una manera muy bonita de celebrar esta Solemnidad es cantando el Akathistos. Les ofrecemos a continuación la primera parte de un himno que es una continua alabanza a la Virgen María.

Salve, por ti refulgirá la dicha.
salve, por ti cesará la ruina.
Salve, alzamiento del caído Adán.
salve, rescate de las lágrimas de Eva.
Salve, cumbre inaccesible para razones humanas.
Salve, abismo invisible aún para angélicos ojos.
Salve, pues tú constituyes el trono del Rey.
salve, pues tú sostienes al que todo sostiene.
Salve, estrella que muestra al Sol.
salve, seno de la divina encarnación.
Salve, por tí la creación se recrea.
salve, por tí el creador se hace niño.
¡Salve, virginal Esposa!

LA NOTICIA QUE HA MANDADO EL ISO (JOSÉ LOZANO SÁNCHEZ)
Los cristianos somos las personas que, junto con otras muchas de otras religiones, y también no creyentes,  creemos que la última palabra no la tiene la injusticia, la explotación de unos seres humanos a otros,  ni otras muchas cosas negativas que existen en el mundo, ni tampoco la muerte. Creemos, con todas las nuestras fuerzas, que la última palabra la tiene la vida, y la vida en plenitud, la Vida con mayúscula.

Aunque muchas personas no lo expresen con palabras o con gestos, en el fondo, todos estamos convencidos de que es posible una vida mejor para todos, un mundo distinto, un mundo sin hambre, sin desigualdades que hagan sufrir a nadie. Parece ser que este convencimiento, el que otro mundo es posible, es lo que mueve a la mayoría de la humanidad, sobre todo a aquellas personas que está sufriendo las consecuencias de la injusticia global.

¿Qué celebramos hoy? Que ese mundo nuevo, distinto, libre de injusticias, de sufrimiento provocado y hasta de la muerte, se ha hecho realidad en María, la madre de Jesús. Primero se hizo realidad en Jesús, y después en la que engendró y le dio la naturaleza humana, al que venía a entregar su vida por la salvación de todos.

En el Evangelio de hoy, Lucas 1,39-56, hemos escuchado: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. María creyó con todas sus fuerzas en el proyecto de Dios, de hacer un mundo nuevo, y su fe, cómplice de la voluntad de Dios, hizo que naciera Jesús, el que es origen de la nueva humanidad. Jesús es el nuevo Adán y María es la nueva Eva, los que dieron origen a la nueva humanidad.

A María la fe la comprometió a entregar toda su vida para que naciera el mundo nuevo. Su fe no fue una ideología, o una evasión religiosa, sino un compromiso y un estilo de vida, un invertir todas sus fuerzas en un proyecto. Sabía lo que quería y a dónde iba. No quiso cambiar el mundo, diciendo que cambiaran los demás, se dio cuenta de que el cambio de la humanidad comenzaba por ella misma, aceptó que Dios hiciera  realidad en ella, lo que quería que fuese el mundo.

Los cristianos somos personas de fe en Dios y en su proyecto sobre nosotros y sobre el mundo en que vivimos. Nuestra fe, como la de María, no es una ideología, o una evasión, o huida de los problemas. Nuestra fe nos  orienta y encamina a comprometer, toda nuestra vida y nuestras posibilidades, en desmentir el fatalismo de los que dicen, que este mundo no tiene solución, que estamos atrapados por los que tienen el dinero y el poder en sus manos.

La resurrección y asunción de la Virgen en cuerpo y alma al cielo nos asegura que Dios es más fuerte que todos los poderes de este mundo, más que todo la maldad de los seres humanos, incluida nuestra propia maldad; que vale la pena creer de verdad y comprometer todas nuestras fuerzas en hacer día a día, poco a poco, el mundo que Dios quiere; y que ese mundo que Dios quiere no es la sociedad del bienestar que se tambalea por las crisis, cuando menos lo esperamos. Y aunque no se tambaleara, el cultivo del egoísmo y el materialismo, nos llevarían a vacío y al suicidio.

Dios no quiere que caminemos hacia la muerte sino hacia vida, la Vida de verdad. Dios nos propone la resurrección como observamos y celebramos hoy en María. Y si morimos que no muramos por enfermedad, por accidente, por vejez, sino por amor, como murió María.

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